Salir a correr engancha. Da igual si estás preparando una carrera, quieres ponerte en forma o simplemente desconectar después del trabajo. El problema es que, cuando aumentan los kilómetros o no prestamos atención a algunas señales, también aumentan las posibilidades de lesionarse.
La buena noticia es que muchas de las lesiones en corredores que vemos en consulta se pueden prevenir con pequeños cambios en los entrenamientos y en los hábitos del día a día.
Muchas personas piensan que la culpa es únicamente de las zapatillas o del terreno. Sin embargo, la realidad suele ser bastante más compleja.
Las lesiones aparecen, normalmente, por una combinación de factores:
No siempre hay una única causa. Lo habitual es que varias de ellas coincidan.
Es una de las molestias más conocidas entre corredores. Produce dolor en la planta del pie, especialmente al dar los primeros pasos por la mañana o después de estar un rato sentado.
Suele aparecer por un exceso de carga o por cambios bruscos en el entrenamiento.
El tendón de Aquiles soporta muchísimo trabajo en cada zancada. Cuando no consigue adaptarse a la carga, empiezan las molestias, sobre todo al comenzar a correr o al terminar el entrenamiento.
Provoca dolor en la parte externa de la rodilla y es bastante frecuente en corredores de media y larga distancia.
Muchas veces está relacionado con una falta de estabilidad de la cadera o con determinados errores de técnica.
Ese dolor en la parte interna de la tibia que aparece al correr es una consulta muy habitual.
Puede deberse a un aumento excesivo del volumen de entrenamiento o a una mala adaptación de los tejidos.
Gemelos, isquiotibiales o cuádriceps suelen acumular tensión cuando el cuerpo no consigue recuperarse del esfuerzo.
Aunque parezcan lesiones menores, si no se tratan a tiempo pueden acabar limitando bastante los entrenamientos.
No existe una fórmula para evitar el cien por cien de las lesiones.
Pero sí hay hábitos que reducen mucho el riesgo:
Muchas veces el problema no aparece de un día para otro. El cuerpo suele avisar antes.
El entrenamiento de fuerza puede ayudar a reducir el riesgo de lesión y a mejorar el rendimiento del corredor.
No hace falta pasar horas en el gimnasio.
Con una rutina adaptada para fortalecer piernas, glúteos y zona media suele ser suficiente para mejorar la estabilidad durante la carrera y soportar mejor las cargas.
Esperar a que el dolor sea muy intenso no suele ser la mejor estrategia.
Si una molestia aparece cada vez que corres, dura varios días o empieza a modificar tu forma de correr, merece la pena hacer una valoración.
Muchas lesiones, tratadas a tiempo, necesitan menos sesiones y permiten volver antes a entrenar.
En algunos casos, la combinación de fisioterapia deportiva, ejercicio terapéutico y terapia manual ayuda a orientar la recuperación y a reducir el riesgo de recaídas.
No hace falta preparar una maratón para lesionarse.
Tanto si corres una vez por semana como si entrenas para una competición, una valoración adecuada puede ayudarte a detectar pequeños problemas antes de que se conviertan en una lesión.
En nuestro centro de fisioterapia en Madrid acompañamos a corredores con tratamientos personalizados para que puedan volver a entrenar con seguridad y seguir disfrutando de cada kilómetro.
La constancia es importante, pero también lo es saber cuándo bajar el ritmo.
Escuchar al cuerpo, respetar los tiempos de recuperación y actuar ante las primeras molestias suele marcar la diferencia entre seguir entrenando o tener que parar durante semanas.
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